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Recorriendo el interior de Colombia

14.4.19


¿Estáis pensando en viajar a Colombia? ¿Queréis conocer cuántos más sitios mejor y no sabéis cómo organizarlo? La siguiente guía puede ser vuestra solución para pasar unos días increíbles por este país que cada día está más de moda entre turistas y viajeros. Importante resaltar que la zona del Pacífico no está incluida, ya que me gusta viajar lento y disfrutar de cada lugar, por lo que no tuve tiempo para ello, pero volveré y lo compartiré con todos y cada uno de vosotros.


Los vuelos más baratos suelen ser a esta ciudad, ya que es uno de los puntos neurálgicos del país. Son muchos los turistas que deciden prescindir de la visita a la capital colombiana, sin embargo yo recomendaría pasar dos o tres días ya que no tiene desperdicio y  hay bastantes lugares que ver, tanto en la urbe como en los alrededores. Dependiendo de vuestra hora de llegada, aprovecharéis el día para descansar o por el contrario, comenzar con el recorrido. El barrio de la Candelaria es un buen punto de partida y el área escogida por la mayoría para alojarse. Durante el paseo, respiraréis el ambiente bohemio que reina en esta vecindad, caracterizada por su arte callejero y su marcha nocturna.




Si queréis profundizar más en el arte urbano de la Candelaria, os recomiendo que empecéis el día con uno de los tours más populares en Colombia: el Graffiti tour. Después, podéis dedicar el resto de la jornada a visitar los lugares emblemáticos de la capital, entre los que destacan: el Museo de Botero, artista colombiano de reconocido prestigio a nivel mundial, cuya entrada es gratuita; la plaza de Bolívar, la principal de la urbe y rodeada de edificios significativos como la Catedral Primada o el Palacio de Justicia; y otros sitios importantes que podéis encontrar en este post.

Además, a escasos metros de la plaza de Bolívar, se localiza la Casa de Nariño, donde reside el presidente de la nación, y el Observatorio Astronómico Nacional, el primero construido en América.




Os aconsejo comenzar la mañana subiendo al Cerro de Monserrate, donde está la basílica de mismo nombre (siempre y cuando el cielo esté despejado). Este templo de peregrinación esta localizado a 3.152 metros sobre el nivel del mar, por lo que se puede ver toda la ciudad de Bogotá y os ayudará a haceros una idea de lo grande que es. Al bajar, podéis dar un paseo por el centro, recorrer sus mercados de artesanías e incluso visitar el Museo del Oro, donde conoceréis todos los detalles sobre la famosa Leyenda del Dorado.

Por la tarde, podéis aprovechar para escapar del bullicio y acercaros al pueblo de Zipaquirá, a 42 kilómetros de Bogotá y donde está levantada la Catedral de Sal. Avisaros de que si no contáis con vehículo propio, tendréis que ir en autobús público, por lo que necesitaréis tener en cuenta el tiempo de ida y vuelta.




Para complementar la visita al Museo del Oro, donde profundizaréis en la famosa Leyenda del Dorado, podéis realizar una excursión al pueblo de Guatavita y conocer su laguna. Al igual que en el caso de Zipaquirá, deberéis coger un autobús hasta la villa y desde la misma contratar un servicio de taxi que os dejará a la entrada del recinto para comenzar el tour. Es algo que recomiendo ya que se aprende un poco más sobre la Colombia prehispánica y sus tribus indígenas.




El pueblo que no os podéis perder y que, además, os vendrá bien para descansar después de la agitación de la capital bogotana. Una vez más, deberéis tomar el autobús, en esta ocasión durante tres horas y media, y aseguraros de que vaya directo ( de no ser así, tendréis que hacer un transbordo en Tunja, capital del departamento de Boyacá). Os aconsejo que dediquéis esta primera jornada para recorrer las calles de la Villa, daros un capricho en el Museo del Chocolate o en alguna de sus cafeterías y conversar con la gente local que se reúne cada día en la plaza Mayor, una de las más grandes de todo Sudamérica.




Villa de Leyva es bonita por si sola, y son sus alrededores los que le hacen todavía más perfecta. Entre los puntos turísticos destacan el Mirador del Santo, desde donde se ve todo el pueblo; la casa de Terracota, considerada como la pieza de cerámica más grande del mundo; los Pozos Azules, lugar ideal para hacer una ruta corta de aproximadamente una hora; el convento dominico del Santo Ecce Homo; o si os gusta la geología y la paleontología podéis hacer una visita al Museo del Fósil, donde residen los restos de un kronosaurio de ocho metros de longitud, y al Paleontológico.

Otro de los lugares que visité y que podría interesaros como excursión de medio día, es el pueblo de Ráquira, lleno de callecitas pintorescas con tiendas de souvenirs, sobre todo de cerámica, conocida y exportada al mundo entero. Y si tomáis la decisión de ir a Ráquira, os recomiendo que hagáis una parada en el pueblo vecino de Sutamarchán para probar la longaniza. Si queréis visitar todos los sitios que he mencionado, es posible que necesitéis un día más.




Ya una semana en Colombia! Y para celebrarlo, tomaréis un autobús de cinco horas de Villa de Leyva a Tunja y posteriormente de Tunja a San Gil, localizado en el departamento de Santander. Como supongo que llegaréis cansados, podéis ir directamente al hostel Macondo, con un ambiente mochilero impresionante y donde os recomendarán las mejores actividades. Además, cercano al mismo hay varios restaurantes que no os podéis perder, pero para abrir el estomago, qué mejor que probar las hormigas culonas tan famosas en toda la región santandereana.



Día 8 y 9: Rafting en el río Suárez o Fonce y vuelo en parapente en el Cañón del Chicamocha

Que le hayan dado el nombre de capital de los deportes extremos es por algo. Y para corroborarlo tendréis que elegir al menos dos o tres de ellas, si no vuestra experiencia no será la misma. El rafting es muy popular, sobre todo en el río Suárez, con fuertes corrientes y rápidos. Si no os atrevéis a experimentar tanta adrenalina, siempre podréis hacerlo en el Fonce, más tranquilo.

Otra de las actividades cotizadas en San Gil es la de volar en parapente sobre el gran cañón del Chicamocha, una experiencia que no olvidaréis nunca por sus vistas de infarto. La mejor empresa para hacerlo es Fenixtreme, muy profesionales y atentos siempre a las necesidades de cada cliente.

Y si os quedáis con ganas de más, podéis hacer como hice yo y probar el Bungee Jumping. En San Gil se encuentra la torre más alta para salto al vacío de todo Colombia, aunque no es tan elevada como en otros países, por ejemplo Nueva Zelanda.



Día 10: los pueblos de Barichara y Guane y autobús nocturno a Medellín

Al margen de los deportes extremos, otra de las cosas que se suele hacer al visitar San Gil es acercarse al pueblo vecino de Barichara, declarado patrimonio cultural de Colombia y conocido, al igual que Villa de Leyva, por ser uno de los más bonitos del país. Para llegar allí hay que coger un autobús desde la estación urbana y el trayecto viene a durar una hora. Lo mejor es que madruguéis para aprovechar el día entero y poder hacer el famoso Camino Real, un sendero que une a Barichara con su hermano pequeño, Guane. Al llegar allí, parad a comer en alguno de los restaurantes locales y probad el cabro a la pepitoria y la carne oreada, platos típicos de la región.

Si tenéis tiempo podéis quedaros un día más en Barichara o, por el contrario, podéis volver a San Gil y emprender el viaje a Medellín. Para ello, tendréis que tomar el autobús a Bucaramanga, que sale cada día a las 6:30 de la tarde y de allí coger el nocturno a la capital paisa.




El autobús os dejará en la estación norte sobre las nueve de la mañana. De ahí, tomad un Uber a El Poblado, el barrio donde están todos los hostales. Yo llegué súper cansada y decidí tomarme un día de descanso, pero si estáis justos de tiempo, lo que podéis hacer es pasear por aquí durante la mañana, sacaros la tarjeta Cívica (os saldrá más barato el transporte público) y salir a recorrer, por vuestra cuenta o haciendo uno de los Free Tours, en horario de tarde.




El tour de la Comuna 13 es algo que no os podéis perder por nada del mundo. Se trata de una de las zonas más castigadas por la violencia y el caos durante los años 80, cuando la falta de educación junto con otros factores, entre ellos políticos, convirtieron el área en el banco perfecto para narcotraficantes y sicarios. La Comuna 13 ha sido, hasta hace unos años, uno de los lugares más peligrosos e intransitables del mundo. Pero hoy en día, y gracias al proceso de paz que Colombia está llevando a cabo, este barrio se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos para todos aquellos que quieren conocer de cerca que fue lo que pasó hace tan sólo unas décadas. 

Para poder visitar la comuna hay que realizar un tour, uno de los más recomendables es el Zippy Tour, sus guías son jóvenes que han vivido el calvario que azotó Medellín, y más en concreto, su vecindario. Tienen varios horarios, escoged el de la mañana y así tendréis el resto del día libre para seguir explorando la ciudad y su gastronomía. ¿Por qué digo su gastronomía? Porque al termino del tour puede ser un buen momento para acercarse al restaurante La Hacienda y probar la bandeja paisa, plato típico en Antioquía.

Después el almuerzo, qué mejor que subir al Pueblito Paisa, una pequeña réplica de lo que sería un pueblo antioqueño a comienzos del siglo XX. Para llegar hasta el mismo hay que sudar la camiseta durante aproximadamente 20 minutos, se puede hacer por un camino de interminables escaleras o por una pendiente bien pronunciada que desemboca en el mirador del Cerro Nutibara. Si tenéis un día más, podéis aprovechar para subir  en metrocable al Parque Arví y dar un paseo  por el pulmón verde de Medellín.

Otro dato: intentad id a un partido de fútbol del Nacional y salir por la noche a una fonda, no os arrepentiréis.


Día 13: Guatapé y su Peñol

Intentaréis dejar Medellín a primera hora de la mañana para aprovechar el día entero en Guatapé, ya que el trayecto de autobús es de dos horas. Cuanto antes lleguéis mejor, menos calor hará y en consecuencia, no os costará tanto subir los 659 escalones de la piedra del Peñol de Guatapé. La visita al monolito viene a durar una hora entre subida, toma de fotos y bajada.

En la base de la misma os estarán esperando los tuktuks que os llevarán al pueblo de Guatapé, uno de los más turísticos de Colombia. Una vez allí, lo mejor es caminar por sus calles, perderse y admirar su belleza. Entre los principales atractivos destaca la calle del Recuerdo, donde están los zócalos más representativos y con más historia. Después de pasear por Guatapé, podéis alojaros en el hostel Happy Buddha y contratar un servicio de recogida en barco para recorrer el embalse que rodea al municipio y ver la piedra y ls zócalos circundantes con una perspectiva diferente. Mi recomendación es que paséis al menos una noche aquí, sobre todo si cae en domingo y el Happy Buddha organiza su pool party.



Día 14: Autobús de vuelta a Medellín y, posteriormente, al pueblo de Jardín

Esta es una parada que sólo recomiendo a aquellos que viajéis sin prisa, si tenéis una fecha de vuelta es mejor que os la saltéis y vayáis directos a la región del Quindío. ¿Por qué digo esto? Jardín es un pequeño pueblo con mucho encanto, pero muy parecido a los que habréis visitado con anterioridad. Además, tendréis que retroceder a Medellín y aunque el trayecto de autobús es de cuatro horas, oficialmente, estas pueden llegar a convertirse en ocho y por tanto perderéis un día de aquí para allá.


Una vez más, empezaréis el día recorriendo las calles de Jardín, su plaza del pueblo, considerada como  Monumento Nacional, y su Basílica de la Inmaculada Concepción. A escasos metros de este edificio tan emblemático, se encuentra el Café Macanas, el lugar perfecto para desayunar o tomar un chocolate caliente al terminar el día.

Como Jardín se ve rápido, después de caminarlo, podéis poner rumbo al Alto de las Flores, un mirador desde donde se obtienen las mejores vistas del pueblo. Además para llegar a él hay que tomar un antiguo funicular cuyo trayecto es toda una aventura. Desde allí, dirigiros al Charco Corazón, donde podréis tomar un baño dependiendo del clima del momento. Yo me quedé con ganas de ir a la Cueva del Esplendor, un lugar que mis amigos colombianos me recomendaron. Si tenéis la oportunidad, no la dejéis pasar!




Madrugaréis para tomar el primer autobús a Pereira y desde ahí cogeréis el siguiente a Salento, el pueblo más conocido del eje cafetero por su cercanía al Parque Nacional de los Nevados, es decir, al Valle del Cócora. A vuestra llegada, os recomiendo que os dirijáis al hostel Coffee Tree Boutique, uno de los mejores en los que me he hospedado, tanto en Colombia como en el resto del mundo. Si os quedan horas de luz, podéis aprovecharlas para dar un paseo y terminar la jornada cenando el plato típico: trucha gratinada, en el restaurante Cocora’s.

Si tenéis ganas de marcha, el bar los Amigos suele estar lleno de gente, turistas y locales, jugando al tejo, un deporte típico en el país, con una historia de más de 500 años. Pero… al día siguiente tendréis que volver a despertaros pronto para descubrir el Valle del Cócora.



Día 17: Valle del Cócora, visita a una finca cafetera y autobús nocturno al desierto de la Tatacoa

Este valle es famoso por ser el único lugar en el mundo donde crece la palma de cera, una especie arbórea protegida que puede alcanzar los 60 metros de altura y 100 años de vida. Para llegar a la entrada del parque, tendréis que ir a la plaza principal de Salento y coger uno de los jeeps con destino Valle del Cócora ( hay otros que van a las fincas cafeteras). Podéis elegir entre hacer una ruta de tres o seis horas, pero hagáis la que hagáis, lo mejor es comenzar a primera hora de la mañana, cuando suele estar más despejado.

De esta manera, tendréis también tiempo de sobra para visitar una finca cafetera. Lo que deberéis hacer es coger el jeep de vuelta a Salento y desde allí tomar otro a la Finca El Ocaso, donde durante una hora os explicarán todo el proceso de cultivo y recogida del café.

Como ya habréis podido apreciar, los viajes en autobús en Colombia suelen tardar el doble de lo que dicen. Por esta razón y para no perder el tiempo, emprenderéis el camino hasta el desierto de la Tatacoa al caer la tarde. No hay ninguno directo así que tendréis que ir hasta Armenia para después tomar otro a Neiva.




Si todo va bien y no tenéis ningún imprevisto en el camino, llegaréis a Neiva sobre las ocho de la mañana, para tomar un minibús, de una hora más de duración, hasta Villavieja, donde se encuentra el desierto de la Tatacoa. Después de todo este trajín, de autobús en autobús, lo mejor será que os quedéis una noche para descansar y para ver las estrellas, ya que hay un Observatorio Astronómico.

Yo me hospedé en el Castillo de la Reina, o lo que es lo mismo, la casa de Margarita, una señora local que cuidará de vosotros en todo momento. Su alojamiento está relativamente cerca de la parte roja del desierto así que podéis pasar la tarde visitándolo.




La opción más barata para llegar a esta otra parte del desierto, conocida como los Hoyos y más alejada del Castillo de la Reina, es hacer autostop. Si no os perdéis, como me pasó a mi, en dos horas lo habréis recorrido y podréis emprender el camino de vuelta a Villavieja para tomar el autobús a Bogotá y terminar esta vuelta por el interior del país. ¡Huele a Caribe!




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