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Salento: dónde alojarse, gastronomía y diversión

30.10.18


Tras la parada en el pueblo de Jardín, seguimos con el itinerario y pusimos rumbo al Quindío, es decir, la zona del eje cafetero. Para llegar hasta allí desde Jardín tuvimos que coger un “autobús”, y lo pongo entre comillas porque en vez de bus fuimos en una chiva, un medio de transporte típico colombiano, muy colorido y que suele ser utilizado para fines festivos. Fue toda una aventura, tomamos una ruta de montaña, hacía bastante frío debido a la altura y los baches eran considerables. Aún así, y a pesar de las cinco horas que tardamos en llegar a Pereira, donde teníamos que cambiar de vehículo, nos lo pasamos muy bien. ¡Me encantan este tipo de imprevistos! Una vez en Pereira, tomamos el siguiente autobús y en cosa de hora y media estábamos en Salento, nuestro destino final.

Lo primero que hicimos fue elegir el hostel donde pasaríamos las siguientes noches: Coffee Tree Boutique, del que tan sólo tengo buenas palabras. Podría ser considerado como un hotel y yo creo que el único hecho de que no lo sea es que las habitaciones, en su mayoría, son compartidas. La decoración es súper bonita, el desayuno muy rico y las camas… un pedacito de cielo para aquellos que como yo, decidan pasar un tiempo largo de aquí para allá con la mochila a cuestas. El precio por noche es de 38.000 pesos, poco más de 10 euros, no es de los más baratos pero a veces hay que darse un capricho, y cuando eres backpacker, esta es una buena manera para consentirse a uno mismo.

Después del largo viaje hasta Salento, decidimos relajarnos el resto del día y darnos un buen festín probando un plato típico de la zona: la trucha gratinada, un manjar para cualquier paladar. Nos recomendaron que lo hiciésemos en el restaurante Cocora’s, en plena plaza del pueblo y con buenos descuentos. Hablando de gastronomía, otros buenos lugares para comer en este pueblo son Brunch, con grandes raciones (mejor que pidáis para compartir) y Betatown.

Además, si queréis salir de fiesta y conocer las tradiciones colombianas podéis acercaros al bar los Amigos, donde cada tarde locales y turistas se reúnen a jugar al tejo. Se trata de un deporte típico en el país y que cuenta con más de 500 años de historia. El objetivo principal es el de lanzar un gran disco de piedra contra unas canchas de arcilla, en las que previamente se han colocado unos sobres con pólvora que van estallando haciendo sumar puntos al jugador de turno.

La estética del pueblo de Salento es parecida al de los otros municipios colombianos que llevaba visitando las semanas anteriores. Casitas blancas con balcones y puertas de colores que le hacen ser un lugar con mucho encanto e ideal para unas cuantas fotografías. El mejor sitio para esto es la Calle Real, vía principal, llena de tiendas de artesanías y cafeterías que invitan a cualquiera a entrar y disfrutar de un agradable café de la región. La Real da paso además al Mirador y Alto de la Cruz, desde donde se ve todo Salento.  Su pequeño tamaño hace que pueda ser recorrido en apenas una hora, sin embargo, en sus alrededores hay varios puntos turísticos de obligada visita.







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