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Planes alternativos cerca de Bogotá

23.8.18


Para aquellos que vayáis con tiempo o simplemente queráis conocer más a fondo Bogotá y sus alrededores, os propongo dos planes alternativos. Ambos son de medio día de duración ya que hay que trasladarse hasta los mismos.

El primero de ellos es la Catedral de la Sal de Zipaquirá, a 42 kilómetros de la capital colombiana. Hay que tener en cuenta que aquí las distancias, debido a los sistemas montañosos, al tráfico de la ciudad y a que los autobuses públicos suelen parar donde les viene en gana, se hacen bastante más largas que en cualquier país europeo al que estéis acostumbrados. Para llegar hasta el pueblo de Zipaquirá tendréis que coger el transmilenio hasta el Portal Norte, una de las estaciones principales de Bogotá, y desde allí tomar el autobús correspondiente. El precio de este último es de 5.200 pesos, es decir, 1,50 euros, y tarda aproximadamente hora y media. Desde el pueblo, la mejor opción es coger un taxi hasta la entrada al recinto.

Esta catedral, obra del arquitecto rolo Roswell Garavito Pearl, está considerada como “joya arquitectónica  de la modernidad” por su patrimonio cultural, religioso y ambiental. Se trata de un templo subterráneo construido en el interior de las minas de sal de Zipaquirá que datan de 200 millones de años. Se divide en tres partes: el Viacrucis, un pasillo en el que se representan las distintas estaciones de esta práctica de oración; la Cúpula, desde donde se pueden descender hasta los balcones y coro; y por último las naves de la catedral, comunicadas por grietas que simbolizan el nacimiento y la muerte de Cristo. Aquí es donde se encuentra el Altar Mayor con una cruz imponente de 16 metros de altura.

Edu me comentó que hay muchas personas que deciden casarse aquí. La verdad es que no me llamaría mucho la atención pero… para gustos los colores! El precio de entrada para turistas extranjeros es de 55.000 pesos colombianos, 16 euros, algo que me pareció bastante disparatado. Una recomendación que os doy es que si ya habéis estado en las minas de sal de Wieliczka, en Cracovia, os ahorréis la visita a la catedral de Sal de Zipaquirá. Las otras son mucho más llamativas aunque también el ingreso es más caro.

 Entrada a la Catedral

 Cruces que representan las distintas estaciones del Viacrucis


 Nave central





Y el segundo plan que os propongo es la excursión a la laguna de Guatavita. Para ir hasta allí tendréis que ir de nuevo al Portal Norte y esta vez coger el autobús que va hasta el pueblo de mismo nombre. El trayecto cuesta 9.200 pesos, 2.66 euros, y viene a durar hora y media. Al llegar, podéis aprovechar para dar un paseo por el pueblo, que me recordó mucho a los que podemos encontrar en Andalucía, ya que todo él está pintado en color blanco. Además, este lugar tiene una historia muy curiosa y es que el actual emplazamiento no es el original. En 1697 se tuvo que realizar una inundación provocada del pueblo original de Guatavita, con el objetivo de regular los volúmenes de agua del río Bogotá. Las ruinas se encuentran sumergidas en el Embalse del Tominé, al que podéis acercaros dando un paseo y si tenéis buena vista, podréis incluso ver la cruz de la antigua iglesia.

Pero no hemos llegado hasta aquí sólo para conocer Guatavita, si no para ir a su laguna y saber más acerca de la famosa Leyenda del Dorado. Para ir hasta ella hay que coger un taxi, que normalmente suele costar 50.000 pesos colombianos, a dividir entre las personas presentes. Los fines de semana es más barato: 12.000 por cabeza. El vehículo os dejará en las taquillas de entrada, donde tendréis que abonar 17.500 pesos, cinco euros, con la inclusión de un guía. Los grupos suelen ser grandes, algo que no me gustó mucho al haber demasiada gente en la mayoría de paradas de las que el tour se compone. La ruta dura entre hora y media - dos horas, incluyendo las explicaciones.

La laguna de Guatavita fue uno de los lugares más sagrados para el grupo indígena de los Muiscas, al realizarse en ella el ritual de investidura del Zipa, o lo que es lo mismo, gobernante supremo del pueblo. Según cuenta la leyenda, el Zipa, todo recubierto de polvo de oro, iba en una balsa de juncos sobre la que se colocaban grandes montones de oro y esmeraldas que posteriormente eran arrojadas al fondo como ofrenda a los dioses. El rumor de esta práctica llegó a oídos de los colonizadores españoles que decidieron drenar el sitio y extraer de él los productos de oro, cerámica y piedras preciosas. Para conseguirlo, esclavizaron a parte de las tribus y les hicieron trabajar en el proceso de drenaje.  Una prueba de que estos rituales de celebraron en la región es la Balsa Muisca, elaborada entre los años 600 y 1.600 a.C, que se exhibe en el museode Oro de Bogotá.

 Pueblo de Guatavita










 Embalse del Tominé
 Paisajes que rodean a la laguna

Laguna de Guatavita

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