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Galle y alrededores

6.8.18


Otro de los días que estuve con mi amigo Harsha, fuimos a conocer la ciudad de Galle y el área cercana. En esta urbe se respira historia por todos y cada uno de sus costados. Incluso mucho antes de que llegasen los europeos, quienes dejaron una herencia arquitectónica impresionante, Galle ya era uno de los puertos más importantes: el rey Salomón llegó allí en busca de marfil y pavos reales, como se cita en la Biblia, y además era el principal punto de exportación de canela en Asia.

Posteriormente llegaron los portugueses y construyeron la mayor fortaleza de Europa en este continente, que después fue potenciada por los holandeses. Como consecuencia, en las calles de la ciudad amurallada, que me recordó mucho a Cartagena de Indias, en Colombia, se puede ver el fuerte legado que los europeos dejaron. Lo primero que hicimos fue dar un paseo por los bordes de la muralla, desde donde se aprecia la arquitectura del lugar, en la que predominan las casas bajas sobrepasadas por iglesias de color blanco con palmeras de gran altura en los alrededores. Pero sobre todo, llama la atención la Torre del Reloj, que destaca por su altura.

El siguiente punto de atracción, al que llegamos bordeando la fortificación, es el faro de Galle, el más antiguo de Sri Lanka, erigido en 1848. Desde ahí decidimos adentrarnos en las callejuelas de la ciudad y perdernos por sus pequeñas tiendas de recuerdos y restaurantes. Así fue como llegamos a la ‘Mansión Histórica’, un museo y galería de arte que merece la pena visitar, ya que se pueden encontrar todo tipo de reliquias.

 Torre del Reloj

 Muralla













 Faro de Galle















Mansión  Histórica







Harsha, como ya os comenté, es uno de los mejores anfitriones que he conocido. Tanto es así que no quería que me perdiese ni el más mínimo detalle de su país y decidió llevarme a conocer la pagoda de la Paz Rumassala, construida por los monjes budistas japoneses en el 2005, como parte de su proyecto de erigir templos de paz en zonas de conflicto (Sri Lanka estaba en guerra por esa época). Este lugar de culto está ubicado en una de las colinas que rodean la bahía de Galle, por lo que las vistas son muy bonitas.

Justo debajo de la pagoda está Jungle beach, una playa que según dicen, contaba con una espectacular belleza en el pasado, hasta que los turistas empezaron a llegar de manera masificada. Lo mismo pasa en Unawatuna, un pueblo costero que se ha ido dañando debido al turismo en masa. Sigue siendo un sitio para visitar, e incluso pasar una noche ya que hay bastante marcha, sin embargo, me esperaba mucho más de esta zona de Sri Lanka al haber oído hablar de ella constantemente. Aun así, pasamos unas horas allí para hacer tiempo y volver a la piscina del hotel Hikka Tranz by Cinnamon, en Hikkaduwa, a ver el atardecer.

 Pagoda de la Paz Rumassala


 Jungle Beach

 Playa de Unawatuna


 Hotel Hikka Tranz by Hikkaduwa



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