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Palermo, Sicilia: días 3 y 4

14.5.13


Como ya os dije, el tercer día pusimos rumbo a Cefalú. Es una antigua ciudad y un municipio de Palermo. Se encuentra concretamente a 70 kilómetros de la ciudad, a los pies de un promontorio rocoso y es uno de los mayores centros balnearios de la provincia. Esta ciudad, de pequeña dimensión, atrae cada año a millones de turistas.

Empezamos el día en sus playas que son de las más famosas de todo Sicilia y sobre las cinco de la tarde comenzamos a ver la ciudad. Es de calles estrechas, suelo empedrado y llena de tiendas de recuerdos, debido a su gran potencial turístico. Nos dejamos llevar por sus calles y en una de las más importantes, Vía Vittorio Emanuele, encontramos el Lavatoio, un lavadero del siglo XVI que aún se conserva.






Continuamos hasta toparnos con la Puerta de Pescara, una antigua puerta medieval, de arco gótico, que constituía la antigua entrada a Cefalú. Pasando esta puerta se encuentra el puerto antiguo, de él ya solo quedan algunas pequeñas barquitas.

Por último, vimos la catedral de Cefalú, un templo normando dedicado al Salvador y a la Transfiguración de Jesús. Fue inaugurada en el año 1131 y está compuesta por una planta de cruz latina y tres naves que se dividen entre sí a través de unas columnas de granito con base de mármol.







Si se va más días es recomendable subir a la Rocca, montaña de 278 metros donde antiguamente los árabes construyeron una ciudadela y habitaron allí hasta el año 1063, cuando la conquista normanda les obligó a bajar a la zona del puerto. Para poder llegar a la Rocca hay que subir por unas escaleras conocidas como Salita Saraceno. Una vez arriba se pueden contemplar los restos del  II Castello.

Volvimos a Palermo, nos duchamos y fuimos al Malox a tomar algo. Después nos llevaron al barrio de la Vucciria, uno de los mas conocidos de Palermo y donde se encuentra  uno de los mercados más famosos de Sicilia. Este mercado tiene lugar durante el día, pero por la noche se llena de gente tomando algo y disfrutando de la música que resuena por todas las calles, convirtiendo el barrio en una especie de discoteca al aire libre.

En nuestro último día en Palermo, la madre de nuestro amigo Marco nos invitó a su casa y nos preparó una auténtica comida siciliana. No he estado tan llena en mi vida, todo buenísimo. Probamos el Gattò siciliano, era como un pastel de patata con mortadela y queso. Después nos saco Pasta al horno con berenjenas, tomate y queso. Podría seguir diciendo más comida todo el día, así que me voy directa al postre: Cannoli siciliani,  consiste en una masa enrollada en forma de tubo y dentro posee los ingredientes mezclados con queso ricota.

Con cinco kilos más, habiendo probado la comida siciliana y felicitado a la madre de Marco, buenísima cocinera, estábamos listas para coger un avión al día siguiente y despedirnos de esta gran ciudad, una de las que más nos ha gustado de Italia, tanto por sus playas como por su gente. ¡ Hasta pronto Sicilia!

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